viernes, octubre 22, 2004

Recordando

Volvíamos de una tarde de imposible reconciliación en la playa. El mar como telón de fondo, y esa claridad que daña los ojos y que le da a todo aspecto de ensueño, de irrealidad. El roce de los cuerpos, el calor, la sal...

Yo conducía, rápido, como siempre, y él temía mi modo de trazar las curvas, decía que era demasiado brusca. Pero los bandazos del coche no eran lo importante mientras me metía mano por debajo de la minifalda y me desabrochaba el cinturón.

Yo me quejaba, le decía que no me desconcentrara, que a aquella velocidad nos íbamos a matar... Pero él seguía, recostado sobre mi cuerpo, con las manos bajo mi falda, sonrisa amplia y clara y arrugas en los ojos de pura picardía.

Y yo me reía, yo me reía...

La felicidad es eso, dejar la muerte de lado y sonreir.

2 Comments:

Blogger Un hombre sencillo said...

Si es que esta juventud van como locos...

Muriel, vida, seguro que hay cosas que ya has olvidado... intenta hacer memória. Verás como no las recuerdas apenas.

besos,

28 de octubre de 2004 10:10

 
Blogger Un hombre sencillo said...

precaución amigo conductor...
la senda es peligrosa...

28 de octubre de 2004 13:50

 

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